«AHORITA»Y OTRAS DIMENSIONES DESCONOCIDAS DEL ESPAÑOL

En el español existen palabras anidadas en un espacio indefinido del tiempo. Al momento de descubrirlas aprendemos sus significados, y comprendemos tanto la forma como el contexto de sus usos. Por ejemplo, cuando por un ahorita nos vamos, nomás déjame saludar a tus tías, entendemos «siéntate y ponte cómodo», o en el típico al ratito lo hago encontramos una perfecta excusa para no realizar algo sin ser grosero. Así ambas palabras se vuelven la punta de un iceberg y su verdadero significado se encuentra en el fondo, el cual solo se puede descifrar con la práctica.

Cuando buscamos el significado de «ahora» y «rato» en la Real Academia Española, sin el sufijo diminutivo, encontramos que el primero es un adverbio cuyo significado es algo que sucede en este momento o no tarda en suceder; y el otro es un sustantivo para denominar un espacio de tiempo corto. ¿Cómo, al cambiarlos a diminutivos, obtienen una duración todo lo contrario a su raíz? Esto es resultado de la entonación que les otorgamos. Un «ahorita» y un «ratito» se transforman en tiempos de espera más largos conforme más se alarga la i. Ese es uno de los secretos, también depende mucho de quién las utilice.


Quizá te preguntes, ¿por qué nos permitimos usar estos «atajos lingüísticos» si tenemos la capacidad de decir las cosas como son? Le ahorraríamos tiempo y momentos penosos a los extranjeros, además, el tiempo se emplearía de forma más eficiente. A pesar de la posibilidad de eludirlas, estas palabras ya tienen raíces bien sujetas a nuestro dialecto y tomaría un «ratito» lograrlo.

¿Puedes recordar la primera vez que escuchaste un «ahorita»? Quizá quien la trajo a tu mundo fue tu madre al esquivar alguno de tus berrinches, debido a que un rotundo no sí provocaría un llanto ensordecedor. ¿Y cómo descubriste que «ratito» podía hacerte ganar más tiempo para hacer algo? Seguro no se te ocurriría otra fórmula para no quedar mal con alguien; prometes que lo harás, sin saber cuándo será ese día. Ambas palabras cumplen su propósito de intensificar y suavizar el tiempo, al mismo tiempo previenen que el receptor se alebreste o se preocupe por no obtener algo a tiempo (quizá nunca).

Claro está que estos «códigos secretos» son solo para hablar con conocidos. Es conveniente evitarlos en negocios o en escritos formales. Lo mejor es ser claros y precisos en esos casos. Sin embargo, como hablantes nativos del español, es interesante reconocer cómo algunas palabras abarcan más de lo establecido en el diccionario y es posible encontrarles nuestro propio significado. La lengua es dinámica y flexible, ya que se adapta a las necesidades de sus hablantes.

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