APRENDAMOS DE LA LITERATURA INFANTIL

Actualizado: may 5

En una entrada anterior comentamos sobre la importancia de la lectura para los escritores. Aconsejamos una dieta balanceada y nutritiva de libros de toda índole, desde textos científicos hasta literatura. La variedad de lecturas nos abre camino a ser mejores escritores; leer de todo nos permite conocer diversas estrategias y estilos para redactar. Por eso, también se debería considerar a la literatura infantil y juvenil (LIJ) como parte del régimen de lectura.


Cero prejuicios: los niños y adolescentes lectores son igual de exigentes que los adultos. Por tanto, los escritores de estas obras también se esfuerzan por presentar estructuras y procedimientos estilísticos originales. 


Ahora que borramos la aprensión hacia la literatura infantil y juvenil, sería ideal compartir lo que podemos aprender de ella y trasladarlo a nuestros escritos.  


Palabras precisas que van al grano y buscan empatizar con el lector

La búsqueda de la mejor forma de contar la historia es muy importante para enganchar al lector. Si lo extrapolamos a nuestro texto, también lo es; pues si lo publicamos sin releerlo y cuestionarlo, seguro se nos pasaran errores como ideas incompletas o palabras repetitivas, por ejemplo.


En cambio, al ser minuciosos y exigentes con la coherenciaintroducción, desarrollo y conclusión–, así como con la forma de escoger nuestro vocabulario, nos ahorraremos la inclusión de «rollo» innecesario para el receptor. Al final, la palabra exacta es nuestra salvadora y para encontrarla se requiere la inversión de tiempo


Además, es importante empatizar con el lector. Aunque en la literatura no todo el tiempo se piensa en quién lo leerá, en ocasiones los temas le hablan más a un grupo de la población que a otros. Así nosotros debemos tener presente a nuestro lector meta. Para ello sería oportuno cuestionarnos: ¿qué necesita? ¿cuáles son sus problemas?, y, a partir de ahí, buscar los temas para escribir dirigido a él.  


Uso de figuras literarias para hablar sin censura

Gran parte de la literatura se distingue por su uso creativo del lenguaje; del juego con el sonido y el significado de las palabras. Las figuras literarias, además de servir para embellecer un texto, proponen una forma de contar aquello que es complejo dimensionar al utilizar el lenguaje directo. En la literatura infantil y juvenil podemos percibirlas en historias que tratan temas como la violencia, muerte, sexualidad. Tampoco se trata de atenuar los hechos, pero sí de mostrarlos a través del uso creativo de la palabra.


Así nosotros también podemos traducir conceptos técnicos a elementos más simples y que permitan al lector visualizarlos desde otro espacio. Para ello las metáforas, los símiles, entre otras figuras literarias pueden ser de gran ayuda.


Ausencia de mensaje moralizador

Con anterioridad la literatura dirigida a niños y jóvenes se escribía con el objetivo tanto de instruirlos como educarlos. Pero ya no más. La mayoría de la LIJ contemporánea busca darle oportunidad al lector de crear sus propios juicios. También es un buen consejo para nuestros textos: mostrar los dos lados de la moneda. Asimismo, los argumentos críticos, aquellos cuyo contenido está sustentado por conceptos y reflexiones propias, son ideales para generar una conversación con el lector. Aunque estén en desacuerdo con nuestras ideas.

Aclaración:

Las presentes características no son una prescripción para la LIJ, por tanto, es válido leer obras que prescindan de ellas. También dejamos a criterio de los escritores «de a pie» tomarlas en cuenta.



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