¿CUÁNTO TIEMPO TOMA ESCRIBIR?

Actualizado: mar 17

En ocasiones, el trabajo del escritor (el profesional o a quien le pidan que redacte un texto como parte de su labor) se considera un proceso inmediato. Quizá sea culpa de los estereotipos, pero la escritura suele tomarse como un arrebato de inspiración en el que el sujeto aporrea teclas sin parar hasta llegar al punto final, extasiado y exhausto por haber producido un texto en su versión final (única) de un tirón. También como si la escritura fuera el mero acto de transcripción de los pensamientos tal y como van surgiendo en la mente. Nada más lejos. 


La escritura merece tiempo suficiente, sin embargo, salvo aquella que se hace por placer o sin compromiso, a todo texto se le asigna una fatídica fecha límite: una novela destinada a un concurso o apalabrada con una editorial, una nota periodística que deba publicarse al día siguiente, un artículo, un reporte, comunicado, discurso… incluso un correo electrónico. 


Lo cierto es que quien se dedica a la escritura de forma profesional suele llevar mano y goza del beneficio de proponer fechas realistas para entregar su trabajo. Sin embargo, el «escritor de a pie» carece de tal fortuna. 


En la oficina se trabaja a velocidades a veces irrisorias (a diario escuchamos la frase ya cansina: «lo quiero para ayer», detonante de un agobio adicional), y el tiempo destinado a la escritura de contenidos se comprime. El apuro con que se acomete la escritura cotidiana deriva en una mayor cantidad de errores, inconsistencias y una presentación deficiente. 


Si consideramos las tareas que debemos cumplir durante el día y la imposibilidad de dilatar el tiempo para la escritura, lo mejor será establecer una forma de trabajar el texto desde cero y determinar una serie de operaciones elementales para armarlo por pasos. 


No importa si disponemos de una hora o una semana para escribir, una redacción debe pasar por algunas etapas (aunque cada una se extienda apenas unos minutos): obtención o generación de información, planeación (definición del objetivo), orden de las ideas, redacción, revisión y reescritura.


Aunque el modelo de trabajo dependerá de cada persona, existen varios libros que proponen formas de planear y arrancar la composición de un texto, como los de Daniel Cassany o Cómo redactar un tema: didáctica de la escritura, de María Teresa Serafini, parte de la colección Instrumentos, de Paidós, dirigida por Umberto Eco. 

Luego del rápido proceso de planeación, con el texto terminado, aconsejamos no solo releerlo y revisar su contenido, estructura, gramática, vocabulario y aspectos mecánicos como ortografía, sino también buscar la reescritura de oraciones, palabras y fragmentos que pudieran presentarse de otra forma.   


Cuando escribamos un correo electrónico, un reporte, una carta, entre otros textos, debemos regresar y buscar más que simples errores ortográficos: es menester enfocarse en la estructura, las ideas y su desarrollo, en el uso del lenguaje (cuidar repeticiones, muletillas o ambigüedades) para así preguntarnos si el texto cumple con su objetivo. 


Lo mejor siempre será gozar de tiempo suficiente para la escritura. Pero la realidad es otra, por eso ya es complicado hablar de cantidad tiempo para escribir, sino mejor de procesos y administración del poco tiempo reservado para la composición del texto. Por eso, por la premura es necesario planear, ejecutar y revisar.


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