EL GOCE DE TOMAR NOTAS

«La mayor parte de la escritura se hace lejos del teclado», sentenció Henry Miller. Coincidimos con el escritor estadounidense. La escritura forma parte de un proceso con distintas etapas. En algunas, lo idóneo es distanciarse lo más posible del escritorio. 

Aconsejamos dejar enfriar un texto para regresar luego a él: escala una montaña, visita un museo, apuesta en el hipódromo. No todas las ideas nacen frente a la pantalla de la computadora. Es un embuste romantizar al autor literato-académico-devora-libros que vive en su biblioteca sin salir por un café. Tampoco idealicemos al escritor que solo tiene experiencias por tenerlas como sustento creativo. No obstante, ambos tipos de autor coinciden en algo: los dos toman notas (o deberían, creemos). 


Para los enemigos de la toma de notas –quienes prefieren expulsar en una sentada el texto entero– escribir pensamientos, oraciones, títulos, diagramas, dibujos o lo que entre en la categoría «nota», suena a tarea escolar. Nada más lejano, el trabajo del escritor desconoce horarios. Tomarse en serio la escritura implica siempre estar atento a ideas para el proyecto en proceso y anotarlas es una práctica valiosa.


Ahora bien, si sigues nuestros consejos y sales del estudio un rato al mundo exterior, te recomendamos que lleves algo para anotar. Lo cual nos lleva a la dicotómica pregunta: ¿escribir en papel o digital?


Por un lado, el formato digital –llámese teléfono celular, Tablet, computadora portátil, etcétera– ofrece muchas ventajas: acceso a internet, buscadores, diccionarios… Empero, una de las desventajas de los aparatos electrónicos es la distracción que propician. Abres la aplicación de notas del celular, ves los mensajes, notificaciones y correos y se te olvida para qué desbloqueaste el aparato. O bien, inicias una búsqueda sobre figuras retóricas y una hora más tarde te encuentras leyendo un artículo sobre la extracción de petróleo en el sur de los Estados Unidos a principios del siglo pasado. 


Por otro, tenemos los soportes de escritura tradicionales. El acto de cargar una libreta y un lápiz o bolígrafo supone un acercamiento distinto al proceso de escritura; sin distracciones, tampoco hay una batería que nos pueda dejar morir de súbito. Asimismo, la materialidad del objeto se presta para un proceso creativo distinto. La textura del papel, el correr de la tinta en él, el propio peso de la libreta no es comparable con la luz blanca emitida por una laptop que puede fallar sin previo aviso. 


Además, sobra describir cómo pasamos horas y horas frente a la pantalla de nuestro gadget de preferencia. La toma de notas o, directamente, la escritura sobre papel predispone una alternativa al, ya habitual, método de redactar en el procesador de texto. Pensemos en la libreta como una buena opción de desconexión del mundo virtual y una suerte de regreso a prácticas de escritura más «orgánicas». 


Cada escritor conoce mejor que nadie su proceso. Pero nosotros recomendamos libretas. ¿Qué más ventajas necesitamos enumerar? Compra esa libreta que cambiará tu forma de escribir, aléjate del escritorio donde tengas tu computadora y toma nota de todo. 



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