MENOS GOLPES Y MÁS LETRAS

Actualizado: abr 6

Sobran los tratados, novelas, ensayos o poemas cuyo tema es lo que nos diferencia de otros animales. Y mucho sobre lo que nos hermana: por ejemplo, los rasgos de agresividad (peleó como un león, se puso como perro, ojos de víbora, garra felina). El humano es el único que ama, odia, cocina, paga impuestos, entre más particularidades. El ser humano es el único animal que cuenta historias.


Sí, la narrativa nos diferencia. Somos storytellers innatos. Nos servimos de historias tanto para crear un sentido de identidad nacional como para vender papel de baño.


Nuestras vidas están llenas de narrativas porque las necesitamos para darle sentido a nuestra existencia. Existen historias personales sobre nuestra esencia, las cuales necesitamos para entendernos, así como para conocer el motivo de nuestro actuar y luego modificarlo. También existen historias colectivas, como las que cuentan las religiones, en las que la gente cree a ciegas.


¿En realidad somos tan únicos como especie? Es cierto que diferentes organismos muestran comportamientos similares a los nuestros, pues se comunican por medio de sistemas complejos y logran transmitir información valiosa para su supervivencia. Sin embargo, el homo sapiens es el único animal conocido responsable de crear y perfeccionar un elaborado método para transmitir conocimientos, deseos, sentimientos, a través de diversos soportes materiales y códigos compartidos: la escritura. Al menos, el nuestro es el sistema más completo conocido.


Lo interesante es que las historias viajan de forma física y temporal gracias a la escritura. El humano es el único animal que escribe. Y escribe historias. Un mamífero del orden Proboscidea (antes paquidermo, o sea, elefante) podrá tener una memoria proverbial o advertir a su manada de un peligro inminente, pero no escribir un libro de recetas sobre plantas del África subsahariana o un artículo que trate de la condición «elefantuna». Así como escribir tratados filosóficos y libros de autoayuda nos distancia de los elefantes, lo que aleja a un homo sapiens de otro es su particular forma de entender el mundo.


Hay frases trilladas que ejemplifican la ideología de individualismo exacerbado bajo la cual vivimos: «Cada persona es un mundo», «Cada persona tiene un libro por dentro» y demás.


Cierto, frases como «Cada mente es un universo» suenan cursi cuando, sin dificultad, podemos pensar en una docena de personas cuya mente parece más bien un pequeño pueblo provinciano que un 'multiverso'. No obstante, creemos que la práctica de la escritura puede mejorar ese mundo personal y conectar con el de otros. Genera empatía. Y qué mejor que ese sentimiento para separarnos más de los símiles usados para denotar nuestra agresividad.


Si usamos la violencia cuando no encontramos otra forma de comunicar nuestros sentimientos (esto último no es un consejo), escribamos (esto sí). Menos golpes y más letras. Pensamos que escribir representa una de las formas más «sofisticadas» para exteriorizar lo que vivimos en ese universo intestino, sin caer en actos de agresividad física.


Existen tantas formas de ver el mundo como individuos. Compartir nuestra forma de comprenderlo es una oportunidad extraordinaria para empatizar, la escritura uno de los mejores canales de comunicación para hacerlo. Tómalo como un recordatorio o invitación: no tires golpes, derrama tinta, ¿ya empezaste a escribir el libro que siempre has querido? ¿Qué esperas?

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