OJO CON LOS COMODINES

Actualizado: abr 28

Si escribimos como hablamos, hospedaremos muchos vicios lingüísticos dentro de nuestros textos, tengámoslo por seguro. Y, cuidado: la mayoría de ellos los perjudican. Un ejemplo son los verbos comodines, presentes en muchas de nuestras oraciones y conversaciones.


Hablemos de estos intrusos antes de que se vuelvan a colar en nuestros futuros escritos.


Los verbos comodines son llamados así porque encajan en todo tipo de situación, tal cual la palabra «comodín» expone. Sin notarlo, se encuentran en los primeros lugares de nuestro vocabulario y acaparan tanta atención que afectan nuestra forma de describir acciones. Son verbos como «estar», «haber», «hacer», «ser», «tener», «poner», entre otros. Al ser utilizados en exceso, desplazan a otros más específicos


Además, se caracterizan por su flexibilidad que, a final de cuentas, genera ambigüedad. Por ejemplo:

Si quieres tener premios, debes ser disciplinado y esforzarte.

En esta oración, el verbo «tener» es válido porque dentro de sus diversas acepciones cabe el sentido de «poseer algo». Pero, al hablar de premios, sería más preciso utilizar los verbos «ganar» u «obtener»; ambos se refieren a adquirir algo a partir de una actividad.  


Como señalamos al principio, este vicio del lenguaje es fácil encontrarlo tanto en la oralidad como en la escritura. Pero, en esta última es donde causa más estragos, ya que se presenta en diversas formas y una de las más notorias es en el abuso de las perífrasis verbales


Nos parece sencillo unir verbos que podrían reemplazarse por uno más específico:

Gonzalo ha hecho un pastel.

Es correcta la perífrasis, pero sería más atinado reemplazar el verbo subrayado por «horneado». Pues los pasteles, más que hacerse, se hornean.


Sin embargo, los verbos caracterizados por ser comodines son defendibles porque nosotros, los hablantes, los preferimos sobre los más específicos y el diccionario recoge estas posibilidades. Por eso es válido leerlos y no marcarlos como error.


En la oralidad es común brindar poco tiempo para pensar nuestros verbos; tan solo transmitimos información con el vocabulario que contamos a la mano. Pero, al considerar nuestros escritos lo adecuado sería pensarlos una y otra vez antes de permitir que los comodines se posicionen dentro de las oraciones. 


El abuso de los verbos comodines, además de provocar ambigüedad al lector, asoman un empobrecimiento tanto del vocabulario como del estilo del escritor. Al final, ambas variables dan un resultado de insuficiencia en el impacto y credibilidad de nuestras propuestas. Así como las ideas son únicas, cada una de sus palabras debe escogerse con criterio para representarlas. 


Recordemos: moderación, ante todo. Tampoco se trata de eliminar los verbos comodines. Así como es sano consumir una hamburguesa al mes, también es saludable permitirlos, ya que la imposición de su exterminio podría mermar la creatividad. Tan solo evitemos su repetición incesante e inconsciente por considerarlos la única opción para expresar la oración. Hay miles de formas de comunicar una idea, pero solo una es la indicada para nuestro escrito.   


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