PROBO O EL ANCESTRO DE LOS «GRAMMAR NAZIS»

Hemos hablado de los vigilantes del buen uso de la gramática y cuestionado su relevancia dentro de las correctas prácticas tanto escriturales como creativas.


Los conocidos grammar nazis no fueron los primeros en castigar el mal empleo de la lengua. Uno de sus más famosos antecesores se remonta al Imperio romano.


En este caso el celador se trata de un texto llamado Appendix Probi (circa 550 d.C). Este apéndice –aunque actualmente se descarte su autoría– fue atribuido a un gramático de los tiempos del emperador Nerón, Marco Valerio Probo, de ahí su nombre. En el Appendix Probi encontramos una serie de palabras mal escritas y su forma correcta:


porphireticum marmor non purpureticum marmur

tolonium non toloneum

speculum non speclum

masculus non masclus

vetulus non veclus

vitulus non viclus

vernaculus non vernaclus


Quizá no resulte extraño encontrar un antepasado tan lejano de los nazis de la gramática: desde que hay reglas, existen censores.


Pero lo que interesa a los lingüistas –y a nosotros– del Appendix Probi no es su valor como texto auxiliar en la adecuada escritura de la lengua latina. Su riqueza reside en la información sobre las formas vulgares de escribir. Tal vez lo más importante de este apéndice es que se trata de uno de los documentos más relevantes para comprender el paso del latín vulgar a las lenguas romances.


Asimismo, resulta fascinante encontrar en el listado palabras que en español son correctas –pero, en su momento y en latín–, fueran inadmisibles:


tabula non tabla


mensa non mesa


Hagamos un ejercicio imaginativo y pensemos un mundo en donde todos los hablantes del latín siguieran al pie de la letra las reglas prescritas por los gramáticos. El resultado: no existirían ni el español, ni el francés, ni el catalán, etcétera, tampoco las obras escritas en estas lenguas. Si vamos más lejos y lo mismo hubiese pasado con las lenguas anteriores al latín, gran parte del mundo hablaría proto-indoeuropeo.


Desde principios del siglo XVIII el lema de la RAE ha sido: «Limpia, fija y da esplendor». La Academia, como los grammar nazis o el pseudo-Probo pretenden establecer reglas para lo que se debe escribir y decir. Mucho tiempo ha pasado desde la fundación de la RAE y muchas bromas se han hecho sobre su lema –el cual parece publicidad para detergentes-. La percepción sobre el normativismo ha cambiado. Ahora descalificamos a un nazi de la gramática por pedante y vetusto. Ahora sabemos que la lengua la hace el hablante.


Imposible saber qué será bien visto o no para las academias y hablantes dentro de cien años; sin embargo, nos parece necesario tener la mente abierta frente a un sistema vivo como lo es un idioma. Tener la razón hoy no asegura tenerla mañana.

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