SOBRE EL QUEÍSMO Y OTROS VICIOS

Todo escritor «de a pie» posee mañas cuya presencia, a primera vista, pasan inadvertidas, hasta que su editor o un compañero de confianza se las hace notar. Nombrar los posibles vicios sería una tarea ardua e interminable, pero se puede comenzar con una de las más frecuentes: el queísmo

La palabra «que» puede generar una variada cantidad de errores, los más comunes: colocar una innecesaria preposición «de» anterior a «que» o la falta de esta; esmaltar el texto con la palabra que cuando podemos usar sinónimos; escribirla sin tilde cuando es necesario. 


El queísmo y el dequeísmo son fenómenos del habla cuya relación se proporciona por la falta o la exigencia de la preposición «de». En ocasiones, suprimimos esta preposición cuando es necesaria para la construcción de la idea, por ejemplo: Me convencieron que era obligatorio llevar corbata. Aquí se presenta un queísmo al carecer de la preposición cuando el verbo necesita de ella para ser entendida a cabalidad. 


Para establecer si es necesaria la preposición o no, una de las formas más sencillas de hacerlo es transformar la oración afirmativa a una interrogación; si para realizarla se necesita incluir la preposición quiere decir que también en la oración: ¿De qué me convencieron? Me convencieron de que era obligatorio llevar corbata. 


Por otro lado, el dequeísmo, se define como el vicio de añadir la preposición «de» antes de «que»: No sabría cómo explicarte de que te extraño. Para verificar si es correcto o no, también se puede transformar a una interrogación: ¿Qué no sabría cómo explicarte? No sabría cómo explicarte que te extraño.


También es común escuchar el «de que» como muletilla en el habla coloquial: Me gustan los tacos, de que calientes porque fríos no. Lo más adecuado es evitarlo porque impide asimilar con rapidez las ideas transmitidas. 


Otra equivocación recurrente es repetir la palabra «que» como si no existiera otra cuya función pudiera unir las ideas: Ella es mi amiga que sabe cantar. Nos conocimos en un puente en el que hay peces. El momento en que nos dimos cuenta de ellos, gritamos. Este problema no es gramatical, pues su uso es correcto, pero al escribir párrafos repletos de «que», mostramos falta de vocabulario y, sobre todo, de creatividad. Algunos pueden ser reemplazados por las palabras quien, donde, cuando, cuyo, el cual, entre otros comodines. El asunto es revisar los textos con detenimiento para evitar los excesos (uno de nuestros consejos base).


Por último, un error ortográfico cuyo protagonista es «que» se da al ser necesaria su acentuación. En ocasiones se suprime la tilde cuando es relevante colocarla para transmitir su significado dentro de esa oración específica. La regla es colocar el acento diacrítico cuando el «que» es interrogativo y exclamativo, ya sea directo o indirecto como en No me explicaste qué quieres. 


El queísmo es un vicio del lenguaje español. Algunos escritores lo sufren más que otros, pero con la práctica, la observación detallada y el crecimiento del vocabulario es posible depurarlo. 

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