SOMOS LO QUE LEEMOS

Actualizado: abr 8

Un atleta de alto rendimiento, además de llevar a cabo estrictas rutinas de acondicionamiento tanto físico como mental, sigue un régimen alimenticio bien planeado para fortalecer su cuerpo y alcanzar un desempeño óptimo. Algo parecido sucede con los escritores.  


Pero antes de explicar la relación entre letras y deportes, hagamos un experimento: 


Dos decatletas disciplinados se entrenan con un programa para ejercitarse en las cuatro carreras, tres lanzamientos y tres saltos que supone la prueba combinada. Pero a la hora de alimentarse, uno zampa, de manera diaria, pizza, cerveza y papas a la francesa, mientras que el otro come superalimentos con una alta densidad nutricional. ¿Quién se desempeñará mejor en el decatlón? 


La respuesta es obvia. 


Ahora, pensemos en un escenario análogo: un escritor lee cinco libros por semana y otro uno por mes. ¿Quién escribirá algo más interesante y con un mejor estilo y redacción?


El autor que se dedique a aporrear el teclado de la computadora sin lecturas nutritivas, por más determinado que se sienta, jamás llegará lejos. 


 «Somos lo que comemos» reza el dicho popular. Lo mismo para el escritor. El resultado consecuente de quien devora novelas policiacas es escribir una obra con las mismas características (salvo Borges, por supuesto). Si no eres Borges ni tampoco quieres escribir literatura policial, recomendamos tener un vigorizante proyecto de lectura y una variada biblioteca. Así como una dieta debería ser. 


En una biblioteca respetable siempre hay una sección de libros por leer. Un estudio, o la habitación en la que se conserven libros, forma parte de un proyecto de lectura. Evita que este espacio se perciba como una sala de trofeos donde se apiñan volúmenes como si fueran medallas ni donde se mida la erudición del lector por la cantidad de libros ahí almacenados. 


La variedad en ese proyecto es primordial. Si, digamos, te dedicas a la economía y escribes sobre fenómenos relacionados, evita solo leer libros de econometría y especulación financiera. Consume obras de literatura, sobre temas de biología, historia y otras disciplinas fuera de tu especialidad, así enriquecerás tu bagaje cultural tanto como lector como autor. Además, estarás expuesto a diferentes estilos y a verdaderos expertos en el lenguaje. Para que quede claro: pensemos en la variedad de alimentos que encontraríamos en el refrigerador de un deportista.

Ahora bien, leer es costoso. Ni los libros son baratos, ni el tiempo que se le dedica a la lectura. Se requiere de un espacio y momento tranquilo para aprovecharla. Lo sabemos, es una utopía la existencia de condiciones idóneas, pero sí debería haber un interés por completar y continuar con ese proyecto

Te proponemos algunos consejos para que mejores tus prácticas lectoras:

  • Lee a diario. Lo más posible. 

  • Ten una meta de lectura. Ya sea una cantidad de horas semanales o número de libros mensuales. 

  • Diversifica tus lecturas. Tanto en el género, como en el tema o soporte (papel o digital).

  • Vincula tus lecturas con tu escritura. Solo así se nutrirá tu texto.  

Lamentamos decir que esto no garantiza convertirse en el próximo Premio Nobel de literatura. O que escribirás el siguiente superventas del New York Times. Sin embargo, si buscas perfeccionar este oficio los consejos anteriores te ayudarán.

No todos los lectores son escritores, pero todos los escritores sí son lectores, o deberían ser ávidos lectores. A parte de que recomendamos la lectura como una forma de dieta balanceada y nutritiva para el autor, aconsejamos ejercitarse con regularidad, además de comer frutas y verduras. 

¿Qué prácticas lectoras aconsejarías a un escritor en formación o profesional?

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