TOMA EN SERIO TU TEXTO: «TALLERÉALO»

Actualizado: abr 23

A diferencia de otras actividades, la escritura se trata de un proceso solitario, al menos en gran parte. Es cierto que la soledad es amiga del autor durante la concepción de un texto, así como en la redacción de borradores y la toma de notas, pero también resulta benéfico exteriorizarlo.


Si el atento lector piensa: el desarrollo de un escrito es un proceso individual, ¿por qué compartirlo? «Dos cabezas piensan mejor que una» sentencia la cultura popular. Es cierto, no porque una sea más brillante, sino porque otro punto de vista –en especial uno experto– cuenta con otras lecturas, otra visión y la distancia necesaria para criticar un texto.  


Existen situaciones en las cuales se requiere de la opinión de un tercero. ¿Cuántas veces nos hemos favorecido por el consejo de un maestro, colega o confidente? No obstante, evitaríamos recurrir a un familiar por un problema de salud, salvo si cuenta con una licencia para ejercer la medicina. ¿Consultaríamos con la botella nuestros problemas psicológicos? ¿Decidiríamos el futuro de las finanzas de una empresa con base en el consejo de una madame lectora de tarot? 


Hay circunstancias en las que se requiere la ayuda de un profesional. Con la escritura es igual. Para formarse como escritor el primer paso es tomárselo en serio. Así como vamos con el psicólogo a terapia por salud mental o al cardiólogo por problemas del corazón, ¿por qué no acudir a un profesional de la escritura para sacar adelante algún proyecto? Por eso, con miras a transformar cualquier buen texto en uno excelente, aconsejamos los talleres de escritura con profesionales en la materia.  


¿A qué nos referimos con «profesionales»? Un editor, maestro de literatura, tallerista o autor con experiencia. Es muy diferente recibir, de un hermano o excompañero de la secundaria, una reseña favorable a compartir ideas, lecturas y consejos con alguien avezado en la materia. El rebote de ideas con una persona competente es lo idóneo. Pues, qué es mejor para convertirse en un gran tenista: ¿pelotear con la vecina –o su hijo– o con un profesional aguerrido?


En ocasiones el escritor se ciega ante sus propios errores y vicios: después de cierto número de relecturas desaparecen de la página. La única cura a esa ceguera son un par de ojos externos


Además, una lectura recomendada puede ayudar más al escritor que horas y horas de juntar letras en la computadora. Ni como escritores ni como profesionales leemos todo, tampoco lo sabemos todo, sin embargo, el conocimiento ajeno enriquece. Podríamos comer una gran suma de ensalada y pollo a la plancha del mercado de forma diaria, pero si eludimos la consulta a un nutricionista que nos indique qué, cómo y cuánto comer, el régimen, lo más seguro, fallará. Lo mismo para el alimento del escritor: la lectura. Un buen guía no solo corrige comas y tildes, propone una lista de lecturas ad hoc para un proyecto de escritura


Se ha normalizado acudir a psicólogos, nutricionistas, hacerse estudios y exámenes médicos, ¿por qué no recurrir al profesional de las letras? ¿Necesitas más motivos para hacerlo? ¿Qué esperas para tomarte en serio la escritura? 


Imagen destacada encontrada de Elena Carrozzo.

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